—Le hubiera dado a usted acaso algunas indicaciones útiles... con arreglo a ciertas observaciones... ¿Quién sabe? Puede que hubiera podido hacerle a usted su horóscopo y el de Luciana...

—No sabía que era usted nigromántica; de otro modo, hubiera recurrido ciertamente a sus luces sobrenaturales...

—¡Ah! ¡Ah! Es usted irónico... se burla usted... Yo no soy, sin embargo, una visionaria, amigo mío, y lo que veo lo veo bien.

—¿Y qué ve usted?

—Una guapa muchacha y un buen mozo. Nada más, por el momento.

—Sin embargo... parece que... Dígnese usted decirme qué significan sus ingeniosas insinuaciones.

—Nada absolutamente, amigo mío; no tengo nada que decir a usted ya... Siento solamente que no me haya usted hablado antes de sus proyectos. Me ha tenido usted muy olvidada estos últimos tiempos.

La insté inútilmente y no pude sacar nada más.

Estoy cierto, sin embargo, de que tenía en la mente alguna maldad contra mí o contra Luciana... probablemente contra Luciana, que es demasiado hermosa para no suscitar muchas envidias.

Creo que no hay para qué atormentarse por los dichos de esa aturdida de Sofía Jansien; y, con todo, aquella conversación me ha preocupado.