—Se refieren a personas a quienes la señora de Jansien favorece con su benevolencia.
—¿Mi mujer?... La señora de Jansien favorece...
—La señora de Grevillois y su hija Luciana.
El hombre abrió los ojos con asombro.
—¿Grevillois? ¿Luciana? No las conozco...
Yo insistí:
—Su señora de usted recibe a esas personas, y creí...
—Pregunte usted a mi mujer... Yo no sé nada. Yo tengo mis amigos y ella los suyos... Cada cual sus gustos... Ella está contenta y yo también.
Vi que no sacaría nada de aquel zopenco y me marché, perseguido por la risa violenta de Sofía Jansien... ¡Con qué gusto la hubiera estrangulado!
En el momento en que yo salía, me llamó: