—Pienso que la de Jansien está, acaso, celosa por la belleza de Luciana y que otras pueden estarlo por su matrimonio...

—¿No has notado nada que pudiera justificar esas, hablillas?

—Nada—respondí con voz ahogada,—sino que Luciana atrae a los homenajes y que acaso no los desprecia.

—¿Nada más?

—Nada más.

—¿Tu opinión es, entonces, que Máximo no debe dar importancia al incidente y casarse con su Luciana a ojos cerrados?

Esta vez mi corazón flaqueó.

—No soy yo quien debe aconsejar a Máximo, papá... Nunca me ha pedido mi opinión...

Mi padre comprendió esta respuesta en el sentido que yo quería.

—¡Pobre hija mía!—me dijo tiernamente;—los dos habíamos pensado que haría mejor elección... Es preciso, sin embargo, que le dé una respuesta... Cree que las mujeres os observáis y os hacéis confidencias... ¿es verdad?