—Es un error... Lautrec no estaba en casa... No hice más que dejarle un recado...

—Un recado... ¿de quién?

Luciana vaciló.

—Tenía que pedirle una cosa...

—¿Y estaba usted obligada a ir sola a pedírsela?

—Hice mal... muy mal... Pero juro a usted por mi salvación eterna que Lautrec no estaba en casa y que no lo vi.

—Sin embargo, usted entró... ¿para esperarlo?

—No; para escribir mi petición en la antesala.

—¿Qué tenía usted que pedirle tan importante?

Luciana hizo un gesto de irritación y de cansancio.