Mi padre continuó:
—Lo sospechaba... lo amas. ¿Dónde está el mal? Hablemos un poco...
—Pero él no me ama a mí—murmuré tristemente.
—¡Déjame hablar, qué diablo! Si lo amas, sabrás sin pena que su matrimonio se ha roto.
—¿Completamente?
—Completamente. La misma Luciana le ha confesado la historia y lo ha dispensado de sus juramentos.
—¿Y él ha consentido?
—Sin resistencia, y debe estimarse muy dichoso. Es evidente que esa joven corría dos liebres a la vez y que lo reservaba como plato de segunda mesa.
—Sin embargo, estoy segura de que él la ama todavía... ¡Es tan hermosa y tan seductora!
—¡Bah!... En todo caso, Máximo no piensa como un amigo nuestro, que la belleza es una virtud que dispensa de las otras... Por el momento, el pobre parece un gato escapado de la caldera... y tiene un saludable temor de la mujer... lo que es el principio de la sabiduría... Dejemos hacer al tiempo... Entretanto, lo tendremos más a nuestro lado, ya que se ha desembarazado de esa muchacha.