—Tiene sesenta y dos años...

--- ¡Oh! ¡Tanto como eso!

—Y yo tengo veintinueve.

—¡Ah!

—Confiese usted que me encuentra muy viejo.

—No, muy joven.

Creo que esta muchacha no encuentra gran diferencia entre mis veintinueve años y los sesenta y dos de Lacante... ¡Es tan grande la distancia entre ella y yo! Esta muchacha me ha puesto en la categoría de los característicos de teatro. Creer que apenas se ha empezado a vivir y echar de ver que para los demás se ha pasado ya de la juventud, es un descubrimiento que le pone a uno melancólico.

Elena miraba pasar por la ventanilla las estaciones y los pueblos con una emoción que parecía sufrimiento.

—¿Llegamos pronto a París?—preguntaba ansiosa.

—Todavía no; yo la advertiré a usted.