Resalta en lo dicho por el primero el error trascendental de querer imponer á dos niños que apenas tienen uso de razon la pesadísima carga de una profesion elegida por su padre antes de la época en que pudieran ellos inclinarse á alguna que fuese de su gusto; error muy grave, que inutilizaria las mejores disposiciones que quizá tengan para otros ramos del saber, y que haria un médico ó un abogado medianos cuando mas, del que debió ser un gran agricultor ó ingeniero. Dése á un niño la enseñanza primaria, y mientras la recibe obsérvense atenta y cuidadosamente sus acciones, márquense bien los rasgos de su carácter, y no tardará en conocerse su inclinacion. A esto puede argüirse, que no todos los padres tienen la penetracion y conocimientos necesarios para hacer este delicado ecsámen: enhorabuena; pero ¿acáso falta á quien consultar en este caso? ¿No hay un cura en la poblacion que repita las palabras del Redentor, dejad que los niños se acerquen á mi? Y ¿acercándose estos para oir de la boca del pastor la doctrina del divino Maestro, podrán ocultar por mucho tiempo sus nacientes virtudes ó flaquezas al que emplea su vida en alentar las primeras y corregir perdonando las segundas? Consúltese á un amigo en quien se reconozca superioridad, mas nunca se imponga, á costa de penosos sacrificios, un deber á aquel que no pudo aceptarlo. La celebridad no se adquiere por el rango de la profesion, sino por la altura á que llega el hombre en cualquiera de ellas: el nombre de algunos modestos artesanos á pasado á la posteridad, mientras ha perecido, ó mejor nunca vivió, el de muchos Doctores y Licenciados.
Envidiable es la dicha de un padre que ve honradas sus canas con la buena reputacion de su hijo, y hasta cierto punto seria disculpable en él el sentimiento de orgullo de que se halla poseido, sino hubiera espuesto á un estravío los talentos de ese mismo hijo que tanto le complace ver brillar: en una palabra; el hijo debe elegir y el padre guiar, y nada mas que guiar.
La idea de que la instruccion no debe adelantar en una familia, sino trasmitirse igual de unos en otros descendientes, es fatal para los mismos, y aun mas para el país; hace algunos años que bastaba saber muy poco para vivir y hacerse rico; ¿sucederá lo mismo en adelante? No por cierto, y voy á demostrarlo.
Hace treinta ó cuarenta años que las necesidades eran infinitamente menores que en el dia: bastaban á un propietario una chaqueta y unos zapatos para ir completamente equipado; un vestido de sarasa era un vestido de baile, unos pendientes se heredaban, y una mantilla duraba toda la vida: aumentóse la poblacion, se repartió mas la propiedad, abriéronse caminos, y todo cambió de aspecto; el hacendado que ganaba treinta y gastaba diez, se vió obligado á gastar cuarenta, y necesariamente se arruinó, ó tuvo que recurrir á nuevos medios de cultivar y elaborar los frutos de su hacienda; y aquí tienen Vds. porque antes era una gran cosa el tener un trapiche de tambor movido por bueyes, y ahora vemos en la Isla emplearse hasta el vapor en los ingenios de azúcar. Los adelantos de este ramo de la agricultura alcanzarán en breve á todos los demás, y llegarémos á ver que se emplean para la cosecha del café, algodon, etc. medios que se comienzan ya á ensayar con buen écsito: el que conozca y sepa utilizar estos medios tendrá sobre el que ignore su ecsistencia ó los crea inútiles, la ventaja de obtener mejores resultados en menos tiempo y con menor trabajo; de lo cual resulta que la agricultura, en vez de ser rutinaria, será, como debe ser, un ejercicio noble y que requiera su instruccion particular.
Ocúrrense desde luego las preguntas siguientes, que puede hacer un labrador: ¿Y dónde recibirán los jóvenes esa instruccion sin apartarlos de nuestro lado? ¿Todos los labradores debemos desterrar á nuestros hijos por cierto número de años, para que vuelvan despues llenos de teorías y sin la costumbre del trabajo? La contestacion es siguiente: si los labradores supieran leer tendrian aficion á la lectura, y leyendo hubieran hallado el modo de salvar esos inconvenientes. No hay escuelas de agricultura en el país, es cierto: y ¿porqué no las hay? porque los labradores, contentándose con saber gobernar á su manera su casa y reduciéndose á su pueblo sin cuidarse de lo que pasa en los demás, han fomentado el egoismo, que es la muerte de todo progreso; porque, encerrados en tan estrechos límites, no han pensado en reunirse á los comerciantes y á los industriales y artesanos para pedir al Gobierno la creacion de establecimientos de esta clase de enseñanzas, muy mas útiles al país que la rutina, que con algunas escepciones, es la pauta que en él se sigue todavía.
No teman los padres que sus hijos les tengan en menos siendo mas instruidos; no se descuide la educacion moral, y los conocimientos adquiridos despues y fundados en ella formarán hombres útiles á su patria, y que siempre bendigan al autor de sus dias. En resúmen no olvidar jamás un padre cuando piense en sus hijos estas palabras:
Educacion moral.
Educacion física.
Educacion intelectual.