—Yo no hubiera callado al oir semejante cosa.

—Tampoco yo callé, sino que esperando con aparente calma que concluyera, le pregunté con muy buen modo: ¿Estuvo V. mucho por allá, caballero?

—Mas de quince años.

—Friolera, pues V. conoce mi tierra mejor que yo.

—Ya lo creo que la conozco; sobre todo la Costa, porque en ella he ayudado á desembarcar varios cargamentos de negros de Africa.

—¡Hola! ¿con que hacia V. la trata; y no temia V. al celo filantrópico de sus paisanos? no le espantaba el temor de ir á Sierra-Leona?

—Maldita la cosa; reuní en cuatro años algunos centenares de duros; me embarqué despues en una goleta, y con mis pacotillas que traia de San Tomas hice un capitalito regular, con el cual compré en compañía de otro una hacienda, y en ella he pasado otros siete años trabajando siempre para poder retirarme, como lo haré, á mi país, despues de viajar un poco por Europa.

—Perfectamente: ha sido V. cuatro años negrero, otros cuatro semicontrabandista, y siete hacendado: total quince, para llegar despues á propietario acomodado, ¿y no perdona V. sus faltas á aquel país que se las ha pagado en libras esterlinas?

Los dueños de la casa se sonreian maliciosamente, y el inglés se volvia y revolvia en la silla dando muestras de grande enfado.