Largo seria é inútil ir anotando una á una las bellezas de que están sembradas las demás poesías; basta lo que acabamos de decir de la anterior, para probar que Vidarte merece justamente el título de primer poeta Puerto-riqueño; sin embargo, no podemos menos que citar la siguiente cuarteta de las Memorias:

Y tú, patria adorada, Puerto-Rico,

perla de oro en el piélago embutida,

que de la mar sobre el crespado lomo

tu sien levantas de altivez henchida.

y esta otra de las dos flores:

Del campo ameno la feraz llanura

en risueña estension se prolongaba,

por límites teniendo una cintura

de verdes cerros dó la luz trepaba.