En último término se levantaba un dosel, no de muy buen gusto, bajo el que está sentado el Monarca de Judea, vestido con un traje que nada tiene de adecuado, y sí mucho de impropio.

Va en el segundo paso la Virgen de la Amargura, acompañada de San Juan, que como ya dijimos es la estatua más notable que construyó Hita del Castillo.

En la Semana Santa de 1893 ocurrió á esta Cofradía un accidente en verdad desgraciado. Al llegar el segundo paso ante la fachada del Ayuntamiento, una de las velas prendió fuego al traje de la Virgen, y á los pocos minutos las figuras se vieron envueltas en una gigantesca llama, que amenazaba destruir todo aquel conjunto. Rápidamente acudieron los hermanos á extinguir el fuego, que después de no poco trabajo fué sofocado, padeciendo las imágenes algunos desperfectos, que después han sido reparados.

La cofradía del Cristo del Silencio es hoy de las que con más lujo y ostentación se presentan, y la que con más afán acude á ver el público, por ser la primera que sale en Semana Santa.

LVIII
LA BEATA DOLORES

«Pero como todos los extremos son viciosos... huyendo del Infierno de la incredulidad, cayeron en el Limbo de la candidez.»

A. Flores.

Hacia la derecha del prado de San Sebastián, y frente de la amplia glorieta que hoy se extiende á la entrada del Parque de María Luisa, estuvo situado durante algunos siglos el famoso Quemadero de la Inquisición, donde perecieron no pocas víctimas.

Levantóse esta construcción en los últimos años del siglo XV, y fué destruída por completo en 1809, al acercarse á Sevilla las tropas francesas. Componía la fábrica, según escribe el señor Palomo, «una mesa cuadrada como de veinte varas de altura, cóncava en el centro, donde se encendía la hoguera; y en los ángulos había cuatro columnas de diez pies de alto empotradas en postes de ladrillo, y puestas sobre ellas otras tantas grandes estatuas de barro cocido, de notable mérito artístico, afianzadas con un espigón de hierro.»

Ignoramos quiénes serían los primeros desgraciados que allí sacrificó el Tribunal, aunque algunos autores dicen que fué el arquitecto que dirigió la obra; mas como han llegado hasta nosotros diversos datos sobre la última víctima que pereció en el Quemadero, vamos á contar á nuestros lectores el suceso, ocurrido en 1781, y del cual existen diversas relaciones manuscritas é impresas.