Contaba entre tanto el desconocido sus relucientes monedas, y cuando más embebido estaba sintió de pronto abrirse la puerta de la estancia, penetrando por ella el feroz moro, que arrojando al suelo el candilón, lanzóse sobre el cristiano, y, echándole las manos al cuello, dióle allí mismo muerte en pocos minutos. Después Hach-Elarbi escondió en una cueva el cadáver, recogió el dinero y guardó el tesoro en el rincón más apartado de la casa.

Largo tiempo permaneció este crimen oculto, descubriéndose años después por una rara casualidad que la tradición no nos cuenta.

Sábese sí que la posada donde tuvo lugar el hecho permaneció cerrada durante algunos años, y que en el mes de Febrero del año 1250 Hach-Elarbi sufrió la última pena, siendo puesta su cabeza ensangrentada en una de las paredes exteriores del edificio.

IV
LA TORRE DE DON FADRIQUE

«Aún permanece en pie la famosa torre de D. Fadrique, restos del palacio que para sí construyó el Infante de este nombre...»

P. Madrazo.

En la espaciosa y amena huerta del convento de Santa Clara existe una Torre de buena altura y de elegantes proporciones, que por fortuna se encuentra aún en el mejor estado de conservación.

«Su planta—escribe un distinguido autor contemporáneo—es rectangular y consta de tres cuerpos, empleándose la piedra en algunas partes y lo restante de ladrillo: el inferior conserva en la puerta de entrada curiosa archivolta de estilo románico con arcos semicirculares y columnillas, sobre la cual existe una inscripción; en el segundo cuerpo rompen los muros estrechas aspilleras; en el tercero, en cada uno de sus frentes hay elegantes ventanas del mismo carácter románico, y en el último, coronado por un antepecho de almenas, se ven otras tantas de aquéllas al estilo ojival con adornos lobulados. En cada uno de los ángulos debió tener gárgolas para desagüe, de las que sólo resta una.»

Esta Torre, según los datos más auténticos, fué mandada construir el año 1253 por el infante don Fadrique, que allí tuvo su palacio, edificado en los terrenos que le cedió su padre el rey D. Fernando III cuando se hizo el reparto de la ciudad después de la conquista.

Llamóse en un principio La Torre encantada, no sabemos por qué, pues aunque conocemos algunas tradiciones que pudieran haber dado origen al nombre, ninguna encierra verdaderos detalles para el caso.