La desdichada Beata fué la última víctima sacrificada en el Quemadero, y su memoria se conservó largos años entre el pueblo de Sevilla, que había sido testigo de sus absurdas inmoralidades y patrañas.

LIX
VIAJE REGIO

«Rey que, olvidando su raza, por razón que no penetro, ha trocado su real cetro por la escopeta de caza.»

J. Picón.

Muchas veces los jefes de la nación han visitado nuestra ciudad, y siempre han salido altamente satisfechos de las muestras de respecto y cariño que el pueblo de Sevilla espontáneamente les ha dado; pero en pocas ocasiones el júbilo popular ha llegado á tanto como llegó en 1796, cuando por primera vez vino Carlos IV, acompañado de su esposa y la real familia, á cumplir el voto hecho á San Fernando por la salud del Príncipe de Asturias.

Desde que se supieron las primeras noticias del viaje el Ayuntamiento comenzó á disponer el ornato público con gran lujo, llevando á cabo muchas obras de importancia, restaurando algunos edificios, limpiando calles y plazuelas, tomando multitud de disposiciones para que todo estuviese al corriente, y excitando, por último, por medio de bandos el celo del vecindario á fin de que se hiciera á Sus Majestades un digno recibimiento.

Tuvo lugar la entrada de los Reyes en la mañana del 18 de Febrero, presentando aquel día la ciudad el aspecto de las grandes solemnidades. La carrera que iba á llevar la comitiva estaba engalanada con el mayor lujo, ostentando las casas ricas colgaduras y adornos; en varios puntos se habían levantado grandes arcos de follaje; el gentío era inmenso por las calles, y lo dulce y sereno del tiempo contribuía á dar vida y esplendor á aquellos animados cuadros.

Cuando los alegres repiques de la Giralda anunciaron que el coche real estaba próximo, la muchedumbre agitóse presa de curiosidad y satisfacción.

En un coche iban Carlos IV, María Luisa y el Príncipe de Asturias; iba en otro el infante D. Antonio, y seguían en distintos vehículos las Infantas, las damas de honor, el Príncipe de la Paz, los Consejeros y la alta servidumbre de palacio, escoltando la comitiva los guardias españoles y walonas, los guardias de Corps y una sección de Alabarderos.

La regia comitiva, que desde el Ronquillo venía acompañada de comisiones del Ayuntamiento, de la Maestranza y de la Sociedad de Medicina, llegó al barrio de Triana, donde aguardaban á Sus Majestades, el Asistente, conde de Fuente-Blanca, y los caballeros Veinticuatros, rodeados de músicos, maceros y gran número de criados vestidos con ricas libreas.