Á poco llegó de Madrid una comisión facultativa, bajo la presidencia del médico de cámara don José Queralto, y en unión del Asistente interino, que lo era D. Antonio Fernández Soler, por hallarse en la corte el Conde de Fuenteblanca, comenzó á tomar medidas oportunas y á dar prudentes y acertadas disposiciones.

Crecía entre tanto la epidemia, alcanzando unas proporciones aterradoras; crecía al mismo tiempo el pánico y la angustiosa situación de los vecinos de Sevilla, y á fines de Agosto y principios de Setiembre hubo día en que fallecieron más de 460 personas.

Nada tan terrible como el aspecto que entonces ofrecía nuestra ciudad: llenas las iglesias de cadáveres, sepultábanse en anchas fosas abiertas en los Humeros, en San Vicente y en Triana; las hermandades recorrían de noche las calles, sacando en procesión de rogativa sus imágenes, á las cuales entonaban en voz alta fervorosas oraciones; tañían lúgubremente las campanas de todas las iglesias; veíanse en todas las casas escenas desgarradoras de llanto y de desolación; en los hospitales prestaban servicio de enfermeros los presos de la cárcel, por haber muerto cuantos empleados había; los talleres y establecimientos estaban cerrados, así como las oficinas y salas de la Audiencia; los vecinos formaban cuadrillas, que recogían cadáveres y les daban sepultura; los hermanos de la Caridad cruzaban por los lugares céntricos demandando limosnas para los enfermos; escaseaban los artículos de primera necesidad en los mercados y almacenes, y en las horas de la calurosa siesta reinaba por los barrios un silencio imponente, que era turbado tan sólo por el ruido de los carros pintados de negro que conducían muertos á las fosas ó por los llantos y lamentos que de las viviendas salían.

Duró tan terrible período hasta fines de Octubre, comenzando entonces á descender el número de las invasiones, y siendo menos cada día el de los fallecimientos.

Según los datos que tenemos á la vista, y que están tomados del manifiesto que hizo publicar el Ayuntamiento, sucumbieron en nuestra población de la fiebre amarilla 14.685 personas, fueron atacadas 76.483, y curaron del mal 61.718.

El domingo 23 de Noviembre cantóse con toda solemnidad el Te-Deum en la Catedral, asistiendo el arzobispo D. Luis María de Borbón, Infante de España, el Capitán General con los jefes y oficiales de la guarnición, el Asistente con el Cabildo del Municipio, y todas las corporaciones y entidades de Sevilla, celebrándose en los días sucesivos multitud de funciones religiosas en todos los templos y capillas de la ciudad.

LXV
EL PUESTO DE AGUA

«¿Qué persona de buen gusto, viviendo en Sevilla, puede dejar de venir todas las tardes de verano á beber la deliciosa agua de Tomares que con tanta limpieza nos da el tío Paco, y á ver este puente de Triana, que es lo mejor del mundo?»

El Duque de Rivas.

Á la entrada del paseo del Arenal, cerca del antiguo puente de barcas, y teniendo á su derecha el edificio conocido por los Almacenes del Rey y el espacioso terreno que hoy ocupa la calle Reyes Católicos, hubo en otros tiempos una especie de botillería al aire libre, ó puesto de agua, que llegó á ser famoso por más de un concepto, y que aventajaba á cuantos establecimientos de igual índole había en Sevilla.