La posteridad ha sido ingrata con Matute, pues á pesar de las muchas obras que este hombre dejó escritas, á pesar de sus muchos conocimientos, y de lo que se afanó por enaltecer á Sevilla, no tiene en ella el menor recuerdo; y á no ser por los motivos que ya apuntamos al principio de estas líneas, sus obras serían casi ignoradas del público.

Fué D. Justino Matute persona de grande ilustración, de claro juicio, y de buen gusto en materias artísticas y literarias. No se cansaba de atesorar conocimientos, y era incansable reuniendo apuntes, notas y pormenores curiosos, muchos de los cuales permanecen todavía inéditos. Distó Matute algo de ser excelente prosista, pero escribía con claridad; y aunque desaliñado é incorrecto, se leen con agrado sus trabajos. Participaba de muchos defectos comunes á los autores de su tiempo, y era imparcial en sus juicios y poco apasionado en sus opiniones.

Hizo también versos; pero de mérito tan escaso, que seguramente no tendrán hoy ni media docena de lectores. Vázquez y Ruiz, biógrafo y entusiasta de D. Justino, dice con mucha razón que «Matute, aunque conocía perfectamente las leyes y preceptos del arte, nunca pudo remontar su vuelo á la cumbre del Parnaso»; y D. Leopoldo Augusto de Cueto escribe: «Carecía de inspiración, de naturalidad, de vigor poético, de gracia y de soltura, y muy especialmente de cadencia y de encanto rítmico. Por ningún lado era poeta.»

Como historiador diremos de él que, como no poseía imaginación lozana y fantasía suficiente para presentar los asuntos que narraba con bello ropaje, ni sabía utilizar sus notas y curiosidades de un modo ameno, sus libros ofrecen sólo un cúmulo de materiales, en extremo apreciables, de los que se puede sacar mucho importante y algo también inútil.

Las obras más conocidas de Matute son las siguientes:

Aparato para escribir la historia de Triana, Bosquejo de Itálica, Adiciones á los Hijos de Sevilla de Arana de Varflora, Anales eclesiásticos y seculares de Sevilla y los Hijos de Sevilla señalados en santidad, letras, armas, artes ó dignidad. Estas tres últimas han sido publicadas hace poco tiempo, como ya apuntamos, y bien merecen un aplauso los que las han dado á luz.

Falleció D. Justino Matute en la casa número 21 de la calle Pajería, y creemos que el Ayuntamiento debiera colocar una lápida conmemorativa en la fachada del citado edificio, que lleva hoy el número 32, el cual se encuentra en igual estado que cuando en sus habitaciones espiró, anciano y casi pobre, aquel escritor, que pasó su vida entregado á continuos trabajos y desvelándose por engrandecer á la ciudad donde tuvo su cuna.

LXVII
LA PLAZA DE TOROS

«Las plazas, circos, cosos ó palenques, que de todos los dichos modos se les ha llamado, donde se han dado y se dan fiestas de toros, lejos de ir decreciendo en número, han tenido notable aumento.»

J. Sánchez de Neira.