«D. Álvaro de Luna, perdiendo en uno vida y privanza, es menos digno de lástima que aquel que fué condenado por el destino á sobrevivir á su desgracia y á verse privado de todo, después de haberlo gozado todo.»

Mariano José de Larra.

Referir aquí, por breves palabras con que lo hiciéramos, el famoso motín de Aranjuez, que tuvo lugar en los días 17, 18 y 19 de Marzo del inolvidable año 1808, sobre ser contrario á nuestro propósito, resultaría fuera completamente de la índole de estos apuntes.

Hacemos merced á los lectores de aquellos sucesos, creyéndolos sobradamente ilustrados para que ignoren las causas y circunstancias que les dieron origen; y, limitándonos á Sevilla, referiremos una anécdota olvidada tal vez de muchos y desconocida quizá de no pocos.

El odio popular que en toda España se había levantado contra el favorito de Carlos IV, D. Manuel Godoy, estalló de una manera terrible y amenazadora conforme se divulgaron por la Península las noticias de las escenas que acababan de ocurrir en Aranjuez, y que tan claros ponían de manifiesto al fanático pueblo la perfidia y doblés del Príncipe de Asturias.

Ciegos los sevillanos por el joven que contra sus propios padres conspiraba, y creyéndole dechado de todas las virtudes, le atribuían cuantas perfecciones pueden adornar á un monarca para hacer la felicidad de una nación. Aborrecían todos á aquellos personajes que rodeaban á los reyes, suponiéndoles verdugos y opresores de D. Fernando; pero el hombre que más generalmente era aborrecido era Godoy, tan injustamente calumniado por los historiadores de nuestros días, como lo fué por sus contemporáneos.

Los encarnizados enemigos del Príncipe de la Paz solían reunirse en un café que había por entonces en la calle Génova, y en este local, convertido en club, pronunciábanse á diario discursos contra el favorito, y salían de boca de todos los concurrentes las frases más obscenas y los dichos más denigrantes.

La tarde del 22 de Marzo súpose en Sevilla la caída del valido; y, conforme circuló esta noticia por la ciudad, levantóse el pueblo, acaudillado por aquellos asiduos contertulios del café de calle Génova.

Numerosos grupos de gente de la plebe invadieron las calles, dando mueras á Godoy, y produciendo infernal gritería, reuniéndose en la plaza de San Francisco en actitud amenazadora y terrible.

Allí permanecieron largo rato vociferando y reuniendo gente, y cuando los amotinados formaban un número bastante crecido, penetraron por la calle Sierpes, dirigiéndose al hospital de S. Juan de Dios, situado en la de Gallegos.