«Éste es uno de los mejores templos de Sevilla, y encierra en su seno bastantes producciones de mérito.»
J. Amador de Los Ríos.
Si notable es este templo por las joyas artísticas que encierra, su historia no deja de ser curiosa, y vamos á referirla á los que la ignoren, haciendo mención también de las principales imágenes y pinturas que allí se guardan.
Remóntase la fundación de la iglesia de Santa Ana á los tiempos de D. Alfonso el Sabio, el cual se encontraba en nuestra población en 1280 disponiendo sus tropas para empezar la campaña contra los moros de Granada.
Cuando iba á marchar sintióse el Rey molestado por un fuerte dolor en el ojo derecho, que, lejos de disminuir con los medicamentos que le aplicaban los físicos, creció más cada día, causando grandes molestias al paciente.
Entonces D. Alfonso, comprendiendo que no había remedio alguno para su mal, se encomendó á todos los santos, y muy particularmente á Santa Ana, por quien siempre tuvo no poca devoción, prometiéndole que si curaba levantaría en su honor un templo de hermosa fábrica y de constante y fervoroso culto.
Oyó la Santa la súplica del Rey, cuyos dolores iban en aumento, y cuenta la tradición que á poco el ojo empezó á dar señales de mejoría, quedando tan bueno como el otro, sin necesidad de los brevajes y emplastos de los físicos.
Patente y claro estaba el milagro; y no siendo D. Alfonso el Sabio hombre que dejase de cumplir promesas, sobre todo si habían sido hechas á los santos, apenas se vió restablecido manifestó sus deseos de erigir la iglesia conforme lo tenía pensado.
Por entonces los vecinos de Triana, que no tenían más templos que una capilla dedicada á San Jorge, pidieron al Rey que construyera una iglesia, cosa que les hacía gran falta, y el Rey, que andaba sin saber dónde levantar el edificio prometido, satisfizo el deseo de los trianeros, y cumplió su promesa, mandando empezar las obras del templo dedicado á Santa Ana á fines del ya citado año de 1280.
El monarca Sabio, los arzobispos D. Remondo y D. Sancho González y Fr. Alonso de Toledo invirtieron sumas muy considerables en la construcción de la iglesia de Santa Ana, y en el reinado de D. Pedro I de Castilla éste costeó varios retablos é hizo que se terminasen por completo las obras, ampliándolas y embelleciéndolas.