Entonces estalló la tormenta que hacía largo rato estaba contenida; por doquier se oyeron gritos y protestas, la gente corrió buscando la calle, unos se atropellaban, otros se dirigían á encontrar al cura, muchos mostraban armas, y cuando mayor era la confusión, el escándalo y el alboroto, sonó un disparo en la plaza, y apareció en seguida en el templo un escuadrón de dragones franceses, quienes dispersaron á sablazos los grupos, cerraron la iglesia y escoltaron al cura antipatriota, para librarlo de las iras populares, terminando así aquella función religiosa en mal hora organizada por el atrevido presbítero.

LXXI
ENTRADA DEL REY INTRUSO

«El que veis, sevillanos, es el justo, es vuestro amable rey Josef Primero, cuyo semblante plácido y augusto muestra que, corazón grande y sincero, ver su pueblo feliz sólo es su gusto, pues dirige á este fin todo su esmero...»

A. Lista.

Una página de la historia de nuestra ciudad vamos á recordar aquí, página triste para los buenos patriotas de otros tiempos, y alegre para los ejércitos del Capitán del siglo, que invadieron nuestro suelo, dejando en él eterna memoria.

El jueves, primero de Febrero de 1810 entraron en Sevilla los franceses, después de haber cometido todo género de excesos en los pueblos de la provincia.

Cuando las tropas imperiales se acercaban á la población, el paisanaje, alborotado, recurrió á las autoridades en demanda de auxilios para preparar una defensa heróica contra los invasores; pero lo mismo el Capitán General que el Asistente y que el Cabildo Eclesiástico, procuraron calmar la laudable efervescencia del pueblo, y por cuantos medios les fué posible impidieron que éste se dejase llevar de sus patrióticos sentimientos.

«Ansiaban los invasores—escribe el señor Gómez Ímaz—verse dueños de Sevilla; y si á ello les incitaba la codicia por la fama que siempre gozó de bella, alegre y riquísima, en la que esperaban hallar una especie de edén á lo morisco donde gozar de regalada vida con acrecentamiento de la hacienda, no menos la apetecían como punto estratégico y cuartel general de operaciones en la zona andaluza, por la situación topográfica... Maestranza, Pirotecnia, Fundición, Parque de Artillería y vía fluvial, unido todo esto á propios recursos, importancia y riquezas.»

Hallándose los franceses en Torreblanca, una comisión, formada por individuos del clero, de la magistratura, de las armas y de la nobleza, pasó á entenderse con José Bonaparte, proponiéndole una capitulación que librase á la ciudad de desgracias y de atropellos.

Aceptó el Intruso la capitulación, que después fué cumplida con poquísima exactitud, y poniendo en marcha las tropas, entraron éstas en la ciudad á las once de la mañana del ya citado primer día de Febrero.