—¿Juráis guardar y observar la nueva Constitución política, publicada por la Regencia, y sancionada por las Cortes generales, que se os acaba de hacer presente?

—¡Sí juramos!—contestó la multitud.

—¿Juráis conocer y defender á vuestro rey el señor D. Fernando VII, que Dios guarde?

—¡Si juramos!—volvieron á responder todos.

Entonces las campanas de la Giralda comenzaron sus alegres repiques, los cañones hicieron salvas, y el Cabildo entonó el Te-Deum, dando fin la ceremonia cerca del medio día.

¡Quién hubiera imaginado entonces que el nuevo código que con tanto regocijo se acogía iba á ser causa de tan hondas perturbaciones para la nación!

LXXIII
LA FIESTA DEL QUEMADERO

«Mas ¡ay! que ya se acaban las aspas y garrotes, y jansenistas, moros y hugonotes se burlan de mi celo y mi porfía... Todos á un tiempo trinan viendo que está apagado el tizón venerado que á los reyes temblar hizo algún día.»

Eugenio de Tapia.

No hace muchos años oímos contar á un anciano el suceso que da origen á este trabajo, y habiendo encontrado recientemente algunos detalles sobre el caso en papeles de la época, vamos á referirlo al lector, á quien suponemos pacientísimo.