Jamás desde entonces retrocedió ante ninguno de los obstáculos, poderosos muchas veces, que se opusieron á sus proyectos; jamás consintió que se entorpecieran por favorecer los intereses particulares obras que resultarían en interés del pueblo de Sevilla, y dotado como estaba de un carácter serio y enérgico, se propuso cortar de raíz infinidad de antiguos abusos, que, si no llegaron por completo á corregirse, disminuyeron en gran parte.

Arjona hizo famoso su nombre en la historia de Sevilla por los actos ejecutados durante su mando y por haber sido el primero que inició el movimiento de progreso y comodidad, hasta entonces desconocido.

Digno émulo del Marqués de Pontejos, descendiente como aquél de noble familia, y poseedor de una regular fortuna, el Asistente sevillano trabajó infatigablemente por que la capital de Andalucía adquiriera el mayor grado posible de esplendor y grandeza.

D. José Manuel de Arjona, según apunta Velázquez y Sánchez, mejoró los servicios públicos, reformó el alumbrado, puso coto á las edificaciones abusivas, planteó el ensanche de muchas calles, introdujo en ellas las aceras, y sustituyó los nombres ridículos que muchas tenían por otros más propios. Él comenzó el derribo del murallón que unía con el Alcázar la torre del Oro; edificó el hermoso salón de Cristina y los jardines de las Delicias; inauguró el hospicio de ancianos y niños que estaba frente al convento de Madre de Dios; formó de nuevo la célebre cofradía del Santo Entierro, que tanta celebridad llegó á adquirir; llevó á cabo grandes mejoras en la Alameda, en el Arenal y en otros paseos; dió su valioso apoyo á cuantos le propusieron alguna idea que fuese beneficiosa para la cultura y adelanto de la ciudad, y castigó severamente á la plebe realista, que en aquel funesto período absoluto era el azote de los liberales.

Arjona fué «hombre de mando y hombre de mundo á la vez», y estuvo dotado, entre sus buenas cualidades, de un tacto exquisito para llevar á cabo las arduas empresas que por su categoría le fueron encomendadas.

En el mes de Mayo de 1833 abandonó Arjona su puesto, y en los ocho años que lo ocupó dejó recuerdos imborrables de su celo, energía y actividad.

El pueblo sevillano dió á D. José Manuel de Arjona el hiperbólico nombre de Rey de las Andalucías, significando así la autoridad de aquel hombre, digno de que nuestra generación le dedicase algún monumento que hiciera perpetua su memoria.

Como recuerdo de este Asistente se conserva en el Archivo del Ayuntamiento el sillón que usó durante el período de su mando, cuando acudía á presenciar y dirigir los trabajos de los famosos jardines de las Delicias y del paseo de la Bella Flor.

Para terminar, diremos que el Asistente Arjona era natural de Osuna y hermano del poeta del mismo apellido, y que fué uno de los que más contribuyeron al establecimiento de la Escuela de Tauromaquia en 1830.

LXXV
LA ESCUELA DE TAUROMAQUIA