P. R.
Los sentimientos patrióticos de que tantas pruebas tiene dadas nuestro pueblo levantáronse no hace mucho tiempo con la misma fuerza que en pasados tiempos se levantaron para gloria de las armas españolas. Ante las brutales é infames agresiones de las salvajes kábilas africanas se alzó un grito unánime de indignación y de dolor en toda la Península, grito que era imposible acallar, y pedía enérgicamente un ejemplar castigo para los que ultrajaron villanamente la honra nacional en los campos de Melilla.
Vivos permanecen aún en los corazones de todos los gloriosos recuerdos de Tetuán y Wad-Rás, y las pruebas de heroísmo dadas en aquella campaña inolvidable debieron ser poderoso estímulo para los que de nuevo iban á aprestarse contra los hijos del Profeta, eternos contendientes nuestros.
No traeremos aquí á cuento sucesos que todos conocen, ni describiremos episodios que la historia tiene consignados y guardará eternamente en sus páginas; limitándonos tan sólo á consagrar en estas líneas una memoria á un puñado de valientes de los que fallecieron en aquella lucha, y á cuyos restos mortales dió honrosa y digna sepultura el Ayuntamiento de esta ciudad.
En más de una ocasión, cuando alguno de nuestros lectores haya acudido al cementerio, se habrá detenido á contemplar un hermoso y severo mausoleo que se encuentra situado en la primera glorieta de la izquierda y á corta distancia de la capilla nuevamente construída. Bajo aquel fúnebre monumento yacen sesenta y un soldados muertos en Sevilla desde el 25 de Diciembre de 1859 hasta el 25 de Julio de 1860 á consecuencia de las heridas que recibieron luchando con las tropas africanas de Sidi-Mohjamed, emperador entonces de Marruecos.
Consta el monumento de una escalinata de regular altura, sobre la que se levanta un zócalo desprovisto de todo adorno, y sobre él un pedestal con cuatro lápidas, en las cuales están grabados los nombres de los infelices que allí reposan y una inscripción laudatoria de los mismos. Tiene el pedestal su correspondiente cornisamento, y encima una columna en cuya base se ostentan de relieve los atributos del valor y de la victoria. Rodean, por último, el mausoleo una sencilla verja y algunos cipreces de gran corpulencia de oscuras y tupidas hojas.
La inscripción colocada en el frente dice así:
«Aquí yacen sesenta y un soldados muertos en esta ciudad de las heridas que recibieron en África, peleando como buenos por la honra de la patria en guerra contra los moros. Para conservar á las generaciones venideras el glorioso recuerdo de su heróico valor, Sevilla erigió este sepulcro. 1860.»
Los nombres de los soldados son los siguientes:
Bernardino López, Valentín Montero, José Medialdea, Nicolás Carbó, Salvador Berenguer, Antonio Tortosa, Francisco Pacheco, Francisco Luna, Tomás Moreno, Lorenzo Villalonga, Antonio Montaña, José Olisilla, Antonio Garpallo, José Gascón, Tomás Castro, Juan de Mina, Felipe Beltrán, Domingo Ruisón, Manuel González, Gil Rubio, Gaspar Rodríguez, León Iribárren, Pedro Puente, José Cubillas, Leocadio Calleiro, Antonio Sotelo, Juan Hibias, Francisco Guirado, Domingo Pardo, Santiago Miguel, Tomás Grinade, Joaquín Márquez, Francisco Panadero, Pedro Sánchez, Saturnino Baras, Andrés Paz, Diego Camacho, Salustiano Alonso, José Pastoriza, José López, José Montoto, Bartolomé Riaño, Blas Morates, Calixto Pinilla, Ramón Hernández, Francisco Parallada, Fabián Fernández, Andrés Lareno, Santos Ramos, Andrés Mateo, Miguel Sicte, Mateo García, Benito Rodríguez, Julián Plaza, Francisco Vázquez, Fulgencio Fernández, Ramón La-cumba, Valeriano Álvarez, Rufino Iberias, Domingo Tornos y Antonio Caldero y Taberner.