Pero aún sigue la historia de la famosa fembra, la cual sin duda no nació para la vida contemplativa, y al poco tiempo de residir en el claustro se escapó de él y unióse á su antiguo amante, del cual tuvo tres hijos.
Harto sin duda el caballero de los cariños y zalamerías de la hebrea, la abandonó más tarde, y ella entonces, conservando aún fresca su hermosura y vivos en el pecho sus deseos, entregóse á otro y otros galanes, viniendo por último á ser amante de un especiero, según dice la tradición, y llevando hasta el fin de sus días una existencia licenciosa y prostituída.
Murió la Susona en medio de la mayor miseria y en una casucha de la antigua calle del Atahud, y se dice que, arrepentida de sus pasadas ligerezas, antes de morir dejó dicho que su calavera se guardase en un muro de aquella casa para que sirviese de ejemplo; y cumpliéndose su última voluntad, colocóse en un pequeño hueco de la fachada el cráneo de la hebrea, que permaneció largos años en aquel sitio.
XVI
EL CONDE NEGRO
«Negro tan estimado y de buen concepto, que comúnmente le llamaban El Conde Negro, y fué mayoral y juez entre ellos...»
González de León.
Existe en Sevilla, y en el barrio de San Roque, una calle abandonada y sucia, de feísimos edificios, habitados por los descendientes de aquellos Repolidos y Maniferros de que habla Cervantes, la cual lleva el nombre que encabeza estas líneas en memoria de un singular personaje que allí tuvo su residencia á fines del siglo XV.
Escriben puntuales cronistas que era muy general en Sevilla en aquel tiempo la venta de esclavos negros, los cuales para su servicio tomaban los principales señores, y á esto se debía el que se encontrasen en nuestra ciudad muchos negros, que solían juntarse los días festivos por los alrededores de la puerta del Osario en compañía de sus mujeres é hijos, celebrando con la mayor fruición bailes y tertulias al aire libre, según sus usos y costumbres eran.
No se molestaba aquí á los negros como en otras poblaciones sucedía; antes al contrario tratábaseles con mucha benignidad, y el arzobispo don Gonzalo de Mena, que tuvo por ellos gran simpatía, les facilitó medios para que formasen una hermandad, que salía en procesión con sus imágenes el Viernes Santo, siendo también protegidos por el Cardenal Solís y otros personajes de influencia y categoría.
Solían casi siempre los negros corresponder á los favores y mercedes que les dispensaban mostrándose humildes y poco molestos; y para que entendiera en asuntos y pleitos de poca monta nombraron los Reyes Católicos en 1475 á un individuo de la misma raza, que es de quien voy á ocuparme.