Fué éste un negro llamado Juan de Valladolid, hombre de templado carácter, de edad madura, y que había seguido á la Corte en gloriosas jornadas dando pruebas de valor y singular tacto, que fueron apreciadas por los Monarcas, quienes en cédula de 8 de Noviembre del citado año de 1475 le decían:
«Por los buenos é leales servicios que nos habéis fecho y facéis cada día, porque conocemos vuestra suficiencia y habilidad y disposición, facemos vos mayoral é juez de todos los negros é loros libres ó captivos que están ó son captivos é horros en la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla é en todo su Arzobispado, é que no puedan facer ni fagan los dichos negros y negras, loros y loras, ninguna fiesta nin de entre ellos, salvo ante vos Juan de Valladolid... y mandamos que vos conozcáis de los debates y casamientos y otras cosas que juzgado entre ellos hubiese, é non otro alguno, por cuanto sois persona suficiente para ello, ó quien vuestro poder hubiere, y sabéis las leyes y ordenanzas que deben tener, é nos somos informados que sois de linaje noble entre los dichos negros.»
Tomó posesión del cargo Juan de Valladolid y estableció su residencia en una casa de la calle de Santa Cecilia, que es la misma que hoy tiene el título del Conde Negro, pues así fué conocido.
No resultaron desmentidas por los hechos las palabras que en su cédula dedicaban los Reyes Católicos á Juan de Valladolid, pues éste, obrando con singular astucia, y ajustándose á la más puntual justicia, desempeñó su empleo con toda satisfacción y demostrando palpablemente las buenas dotes que poseía.
Pocas son las noticias biográficas que del Conde Negro se han conservado hasta nuestros días, ignorándose con exactitud la fecha de su muerte, que se supone ocurrida en los comienzos del siglo XVI, sin que tampoco se sepa el lugar donde recibió sepultura, y otras circunstancias particulares que de seguro ofrecerían gran interés ahora.
Cuenta la tradición que la casa donde vivió Juan de Valladolid era entonces de gran amplitud y buen aspecto y corresponde á la señalada más tarde con el número 30, la cual conservó largos años en cierto hueco de su fachada una cabeza de barro que se tenía por auténtico retrato del famoso Mayoral de los negros.
En este edificio tenía el honorario Conde su tribunal, ante el que concurrían á diario multitud de negros y negras á ventilar sus cuestiones y á resolver sus disputas, las cuales era oídas con gran calma y flema por Juan de Valladolid, quien, representando con toda gravedad su importante papel, después de escuchadas ambas partes, solía dirigir una larga arenga á los que litigaban; condenando luego allí mismo á aquellos que lo merecían.
Varias anécdotas conozco del Mayoral y juez de los negros, así como algunos actos de justicia por él practicados, que corren todavía en boca de las gentes, las cuales suelen atribuirlos á otros personajes que nada tienen que ver con Juan de Valladolid. Presidía éste todos los domingos los festejos que sus gobernados celebraban en las afueras de la puerta de Carmona, y para ello se colocaba en un estrado, desde el cual daba las órdenes oportunas y que creía más convenientes para el buen orden de los bailes, de los coros, de las máscaras ó de la diversión que se estuviera celebrando.
Célebre fué Juan de Valladolid y célebre es también la calle donde tuvo su residencia, en la cual, como dije al principio, se han refugiado los descendientes de aquellos originales tipos que tanto renombre dieron en otros siglos á la Macarena, á la Costanilla y á la Morería.