Cuando la estatua fué concluída envió el linajudo noble á sus criados á casa de Torrijiano para que la recogiesen y al mismo tiempo entregaran al autor el precio de su trabajo en varios talegos de maravedises.

Al ver Torrijiano la forma en que se le hacía el pago de la obra, despertóse de súbito su cólera, deshaciéndose en denuestos contra el Duque, y llegó á tanto su enojo y su indignación, que allí mismo cogió la estatua, y arrojándola con violencia al suelo, la hizo trozos, diciendo á los criados del poderoso magnate que, pues recibía el dinero en tan pequeñas monedas, recibiese él también la estatua en pequeñas fracciones.

Este hecho produjo gran escándalo en Sevilla y alborotó á la gente devota, que lo calificó de terrible sacrilegio, haciendo que el Duque se querellase al tribunal de la Inquisición, el cual prendió á Torrijiano, acusándole de impío y hereje consumado.

Encerrado en una mazmorra del castillo de Triana pasó el escultor insigne muchos meses, falleciendo por último en el año de 1522 entre horribles torturas, pues se negó á comer el más corto alimento durante bastante número de días.

XXVI
LA CALLE DEL DIABLO

«Mientras la infelice muere diz que el viento repetía: Mal haya quien en promesas de hombre fia.»

(Trova antigua.)

Pocos tal vez al leer el título de estas líneas sabrán á qué calle nos referimos y dónde se encuentra situada una vía con nombre tan poco simpático.

Á fin de aclarar sus dudas, si es que las hay, diremos que el nombre de calle del Diablo corresponde á la que después llevó el de San Antonio y se encuentra en la parroquia de San Bartolomé.

Diósele el nombre de San Antonio porque en la fachada de una de sus casas existió hasta 1840, próximamente, un nicho en el que se veía una estatuita de barro representando al fraile penitente que con singular valor supo rechazar las tentaciones del demonio.