Cuando el mancebo se quedó solo con la dama sintió un rumor extraño cerca de él, y vió entre las sombras una figura siniestra que blandía en la mano un acero y se disponía á acometerle.
Los ojos del desconocido brillaban con luz fosforescente y en su rostro se dibujaba una mueca espantosa. El joven y la sombra entablaron una porfiada riña, en la que el primero fué herido de mortal estocada.
Al siguiente día fueron encontrados en la calleja el cuerpo de la muchacha y el de su padre, que presentaban profundas heridas. El del galán no pareció por parte alguna, y se cuenta que el diablo lo llevó consigo, y que éste no era otro que el desconocido que se le apareció en tan fea traza.
Para conmemorar este hecho, y espantar á Luzbel si en alguna ocasión le daban ganas de volver por allí, se colocó en la calleja la imagen de san Antonio que mencionamos más arriba.
XXVII
EL MAESTRO MALARA
«Aquí yace sin vida el cuerpo frío de Malara, que, roto el mortal nudo donde á Vandalia riega el grande río, voló al Cielo su espíritu desnudo.» HERRERA.
Lugar preferente ocupa en la larga lista de ilustres varones que florecieron en Sevilla durante el siglo XVI el sabio humanista D. Juan de Malara, cuyas numerosas obras han merecido el mayor elogio de la verdadera crítica desapasionada y justa, que examinando con detenimiento las producciones de cada autor, ni escatima los merecidos elogios, ni calla los defectos en que han incurrido.
Malara es una verdadera gloria de su patria, fué uno de los hombres más instruidos y sabios de su tiempo, y á él se debió en gran parte el alto grado de florecimiento á que llegaron las letras sevillanas en el siglo XVI.
Ajenos por completo á dar tinte pretensioso á estas líneas, para dedicar en ellas un recuerdo al autor de la Filosofía vulgar, nos limitaremos á trazar un breve resumen de su vida, apuntando de paso los principales trabajos en prosa y verso que legó á las futuras generaciones.
Sevilla fué la cuna del maestro Juan de Malara, y vino al mundo en 1527, ignorándose el día y mes de su nacimiento, aunque algunos autores los han señalado sin verdaderas pruebas.