La regular posición que sus padres disfrutaban hizo que Malara recibiese una instrucción bastante completa, siendo alumno del colegio de San Miguel, donde de muy antiguo existía una cátedra pública de Gramática y una escuela de primeras letras que el Cabildo Catedral á sus expensas sostenía.

Muertos los autores de su existencia, y siendo aún muy joven, se hizo Malara paje de dos señores principales á quienes unía estrecho parentesco con el Cardenal Loaísa, y estando en servicio de ellos hizo un viaje á Salamanca, de donde pasó á Alcalá de Henares, matriculándose en la famosa Universidad de este último punto, donde residió largo tiempo.

Terminados sus estudios, después de algunos años, en los cuales tuvo ocasión de tratar á muchos de los escritores más notables de entonces, volvió á Sevilla, donde fijó su residencia y donde contaba con muy buenos y leales amigos.

Una vez en nuestra ciudad, abrió Malara una clase de Gramática castellana, viéndose al poco tiempo con gran número de discípulos, que más tarde honraron al maestro y que acudieron á él atraidos por su saber é inteligencia, así como por el dulce y apacible carácter de que estaba dotado.

Casó Malara en 1564 con D.ª María Ojeda, y pasó la mayor parte de su existencia entregado á sus continuos trabajos, pero con el alma tranquila y desprovista de ambiciones locas, que tan infelices hacen á muchos hombres.

En 1568 publicó Malara su Filosofía vulgar, en la que reunió gran número de antiguos refranes, ilustrándolos muy discretamente con citas y anécdotas, que resultan en extremo curiosas y dan á conocer la vasta erudición y los profundos conocimientos que en diversas materias poseía.

Su última obra vió la luz en 1570, y lleva por título Recibimiento que hizo la ciudad de Sevilla al rey D. Felipe II (libro reimpreso en Sevilla hace pocos años): según lo que de ella escriben varios biógrafos de Malara, puede decirse que, á más de su valor histórico y de las raras noticias y detalles que contiene, es digna de apreciarse por el estilo correcto y fácil que en ella campea.

Cuando más sosegados se deslizaban los días del sabio humanista; cuando era de todos los ingenios de Sevilla atendido, y respetado por todos sus discípulos; cuando su nombre había alcanzado una verdadera popularidad, y sus numerosas obras eran leídas con la mayor avidez, la muerte vino á destruir aquel poderoso ingenio, que falleció en 1571 á la edad de cuarenta y cuatro años.

Algunas de las obras que dejó escritas Malara se han perdido, tales como sus tragedias, citadas por Juan de la Cueva, y algunas traducciones latinas de varios fragmentos de la Iliada.

Cuatro poemas compuso el docto humanista, titulados: Hércules, La Psiché, La muerte de Orfeo y el Martirio de las Santas Justa y Rufina; mas no fueron estos trabajos los que han hecho célebre ya su nombre, pues en opinión de los críticos Malara no fué versificador de gran lozanía ni de potente y variada inspiración.