Falleció el ilustre literato cuando las letras sevillanas llegaban á su mayor apogeo, y sus discípulos le lloraron, conservando vivo en sus corazones el recuerdo del maestro y las saludables enseñanzas que de él habían recibido.

XXVIII
LA ÚLTIMA PIEDRA DE LA CATEDRAL

«...Que se labre otra Iglesia, tal é tan buena, que no haya otra su igual...»

(Acta del Cabildo de 8 de Julio de 1401.)

Los interesantes detalles que hemos encontrado respecto á la ceremonia que se verificó al colocar la última piedra de nuestra hermosa Basílica nos han de servir de asunto para llenar esta página; pero antes diremos algo sobre la construcción del templo admiración de propios, envidia de extraños, y cuyo actual estado es bien lamentable.

Según las noticias más verídicas, la primera misa celebrada en la Catedral, cuando aún tenía la forma de mezquita, se verificó el 22 de Diciembre de 1248, asistiendo á ella el conquistador Fernando III y todos los nobles personajes que le acompañaron en el cerco de la ciudad.

En el siguiente año comenzaron á construirse las capillas, siguiendo estas obras lentamente, hasta que, medio siglo después, como quiera que se notaran en el edificio señales bien claras de próxima ruina, el Cabildo acordó destruir la mezquita y edificar de nueva planta una basílica que causase asombro á cuantos la vieran. Dieron principio los trabajos de derribar la antigua fábrica de los árabes, y en 1403, según hemos visto escrito, se colocó la primera piedra del monumento que tantas riquezas atesora, poniéndose la última á los ciento tres años, ó sea en 10 de Octubre de 1506.

Día solemne fué éste para Sevilla, y sentimos mucho que las noticias de que disponemos no sean tan amplias como fueran nuestros deseos. El templo remataba entonces en un elevado cimborrio, que descansaba en los cuatro pilares del crucero, y allí colocóse la última piedra por el deán D. Fernando de la Torre, con el Duque de Medina-Sidonia y don Fadrique Enríquez.

En derredor del cimborrio se habían construído amplios andamiajes, y allí subieron todos los canónigos, el Asistente y otras autoridades civiles, y gran número de personas de la nobleza sevillana, á las cuales seguía infinidad de acólitos, pajes y músicos.

Á las doce quedó la piedra en el lugar que le correspondía, y acto seguido cantóse por cuantos allí estaban un solemne Te-Deum con la fe y entusiasmo religioso de aquellos tiempos. Y en verdad que el acto que acababa de realizarse era para llenar de alegría á todos los amantes de la patria. La obra de tantos años estaba concluída; el deseo de varias generaciones se veía al fin realizado; y si desde aquel día la Religión católica contaba con un suntuoso templo para rendir culto á su Dios, el Arte contaba también desde entonces con una maravilla para rendir admiración al genio del hombre.