Después del Te-Deum bajó la comitiva á la iglesia, donde había quedado el Arzobispo Deza, que por sus años no pudo subir al cimborrio, y pasando á la capilla de la Antigua, que se encontraba adornada con ricas telas y flores é iluminada con gran número de cirios y lámparas de plata, se dió principio á una misa cantada por el Arzobispo, que duró hasta el mediodía.
El pueblo de Sevilla presenció con el mayor júbilo la terminación de su Catedral, y aunque estaban preparados para aquel día fiestas y regocijos, éstos no llegaron á verificarse á causa de encontrarse de luto la nación por la muerte de Felipe I el Hermoso, que había fallecido en Burgos el 25 de Setiembre del mismo año 1506.
Hasta el siguiente no se abrió á los fieles el templo, celebrándose entonces otras funciones religiosas, acerca de las cuales existen particulares muy curiosos.
Como no es nuestro propósito hacer que este breve apunte resulte una descripción de la hermosa Basílica, terminaremos recomendando al lector cualquiera de los muchos trabajos que por hombres eminentes se han hecho sobre el famoso templo, y ¡ojalá éste sea terminado de nuevo antes que desaparezca la actual generación!
XXIX
EL DIVINO HERRERA
«Ese es ¡oh Dios! el sonoroso acento con que canta triunfal sublime Herrera.»
El Duque de Frías.
Más que difícil, imposible es dar en estos breves apuntes un extracto de la vida y un juicio de las obras del insigne poeta fundador de la Escuela Sevillana, Fernando de Herrera, á quien sus contemporáneos llamaron el Divino, nombre que, según el gran Quintana, nadie mereció con más justicia que él.
Nuestra ciudad tuvo la honra de ser cuna de tan esclarecido ingenio, y según los datos más autorizados vino al mundo en 1534, siendo sus padres de posición harto modesta.
Dedicóse Herrera á los estudios de Teología, ordenándose de sacerdote cuando se encontraba en todo el apogeo de su lozana juventud. Disfrutó más tarde de un beneficio en la parroquia de San Andrés, y nunca quiso abandonar el estado humilde en que vivía, aunque sus muchos y buenos amigos hicieron, como dice Pacheco, «por acrecentalle en dignidad y hacienda.»