Al siguiente día desapareció D. Luis, suponiéndose que se embarcó con rumbo á América, de donde no tornó jamás, y á los pocos meses la hermosa dama entró en un convento, que era entonces el lugar donde se acogían cuantos deseaban pasar tranquila la existencia.

XLIV
LA CARTUJA

«Que invirtáis todos mis bienes en proseguir con ahinco la fundación comenzada, para que sirva de asilo á religiosos cartujos cerca la orilla del río.»

J. Gestoso.

Magnífico y soberbio era á la verdad el monasterio que en las afueras de Sevilla, y á la derecha del Guadalquivir, poseían los frailes cartujos, y al evocar su recuerdo sentimos algo así como una sombra de envidia hacia aquellos dichosos seres que, alejados de miserias y cuidados, vieron deslizarse allí con la mayor tranquilidad las horas de esta breve y pasajera existencia.

La Cartuja ocupaba una grandísima porción de terreno, y «su aspecto exterior era más bien el de un pueblo, no pequeño, que el de un convento de anacoretas», según escribe González de León, que alcanzó á verlo cuando los frailes estaban en todo su apogeo.

Á más del edificio ocupado por los monjes y por el templo, había graneros y departamentos, repletos siempre de cereales y vituallas; almacenes de maderas, hierros, casas habitadas por trabajadores y criados, talleres de carpintería, jardines deliciosos, y huertas que rendían abundantes frutos.

La comunidad era bien numerosa; en las arcas de la tesorería se guardaban muchos millones en relucientes monedas de oro y plata, y en los estantes de la biblioteca infinidad de volúmenes raros y curiosos; en las bodegas exquisitos vinos, y en las despensas sabrosos manjares; y para que nada faltase á los frailes, los mejores artistas habían dejado en el convento numerosas joyas de arte de inestimable precio.

La Cartuja se fundó el año 1401 por el arzobispo de Sevilla D. Gonzalo de Mena, quien costeó los primeros trabajos para la erección del edificio, y dejóle á su muerte más de treinta mil doblas de oro.

En el lugar donde se comenzó á levantar tan soberbio edificio existía una ermita, en la que se conservaba una antiquísima imagen de la Virgen, llamada de las Cuevas, la cual fué colocada en el retablo mayor de la iglesia.