La suma donada por el Arzobispo fué á parar en gran parte á manos del Rey de Aragón, quien dispuso de ella para costear la guerra contra los moros; pero el adelantado de Andalucía D. Per-Afán de Rivera le dió á los frailes una cantidad igual á la que habían perdido, y entonces se siguieron las obras, que, merced á las muchas donaciones de otros caballeros, se terminaron después de mediar el siglo XV. Á propósito de esto extractamos estas curiosas noticias de la Historia eclesiástica del Abad Gordillo:

«Tenía el Arzobispo Mena un criado natural de Burgos, llamado Juan Martínez de Victoria, á quien había dado un canonicato de la Catedral... y teniéndole consigo en Cantillana, al tiempo de su muerte le encomendó la continuación de la fábrica y aumento del monasterio, y en su confianza le dejó treinta mil doblas de oro moriscas para que con ellas acudiese á su intento y confianza que de él hacía. El canónigo Martínez de Victoria tomó á su cargo la prosecución de la fábrica del monasterio. Fué esto en tiempo en que el infante de Castilla D. Fernando vino á Sevilla á buscar dinero para hacer la guerra á los moros. El Infante llamó al canónigo Victoria y le pidió las treinta mil doblas para la guerra; éste negó tener las doblas, y entonces el Infante determinó darle tormento, y se lo dió muy recio. Viendo que no declaraba, el Infante le hizo jurar que no tenía el dinero; y por no jurar en falso, Martínez de Victoria confesó dónde tenía la cantidad que tanto había defendido como fiel criado.»

Dado el poco espacio de nuestros apuntes, sólo nos detendremos en hablar de la iglesia de la Cartuja, que causaba admiración en todos los que la visitaban.

Llegábase á ella después de pasar un extenso patio, y era de una sola y amplia nave, de altos techos y macizas paredes de ladrillos y piedras. En los altares, que eran muchos y de varios gustos, existían hermosas figuras de Martínez Montañés y Roldán; cuadros debidos á los pinceles de Morales, Alonso Cano y Durero: la sillería del coro principal era obra de Duque Cornejo, y las estatuas que cerca de ella estaban colocadas fueron construídas por el florentino Torrijiano, según he visto escrito.

Ocupaba la sacristía mayor una hermosa pieza de buenas luces, de pintadas vidrieras, y de sólidas y labradas estanterías, en las cuales se guardaban riquísimas telas, preciosas joyas y toda clase de objetos para el culto.

El Arzobispo Mena, fundador de la casa, estaba enterrado en la capilla de la Magdalena, y en otra capilla, á expensas del primer Marqués de Tarifa, se construyó un soberbio mausoleo, donde fueron sepultados D. Per-Afán de Ribera, sus dos esposas, que yacen hoy en la Universidad, y desde 1512 hasta 1536 estuvieron allí en modesto nicho los restos de Colón, que, llevados á Santo Domingo, pasaron á la isla de Cuba en 1795, donde se encuentran actualmente.

La Cartuja fué casi destruída por los invasores soldados de Napoleón en 1811, y al marcharse éstos restauróse la iglesia, que se abrió al culto en 1816.

Cuando los nuevos frailes empezaban las obras de reparación del convento vino la exclaustración, y en 1843 se estableció en el edificio la fábrica de loza que tan conocida es en todas partes por sus productos, y de la cual nada diremos por parecernos que nos apartaríamos del principal objeto que nos ha movido á trazar estas líneas.

XLV
LA ROLDANA

«Roldán dejó varios discípulos, entre ellos su hija Luisa, notable artista, á quien los sevillanos dieron el nombre de la Roldana.»