Para la magnífica iglesia de San Miguel hizo Luisa Roldán la estatua de dicho arcángel, puesta en el retablo mayor, y de la que escribía un erudito historiador las siguientes palabras:
«La gallardía y franqueza del dibujo, la hermosura del joven rostro, en que á la vez se expresan el valor guerrero y la dulzura, y la exacta conclusión de las carnes y ropajes, es encantadora. Pocas veces se habrán ocupado las gubias de los escultores para cortar su madera con más acierto y facilidad.»
En lo que más sobresalió la Roldana fué en las figuras pequeñas; y existen de ella algunos niños admirables, que se conservan en los conventos de monjas.
La fama de esta mujer llegó hasta Madrid, y el desdichado monarca Carlos II la mandó llamar á la corte, nombrándola escultora de cámara y encargándole algunos trabajos con destino al monasterio del Escorial.
Desde el año 1695 la Roldana vivió en Madrid, hasta 1704, en que falleció víctima de una enfermedad aguda.
Su padre había muerto en 1700 sin dejar bienes algunos de fortuna y en medio de la soledad y el reposo de una casa de campo que tenía próxima á Sevilla.
Luisa Roldán, según los autores que la conocieron, fué de agradable rostro, de estatura proporcionada y de formas correctas; tenía un carácter dulce y expansivo: contrajo matrimonio con D. Luis de los Arcos, caballero, sevillano, de quien no tuvo hijos; y habiendo recibido aquella educación propia de su época, era muy dada á rezos y devociones, aunque sin extraordinarias mojigaterías.
XLVI
EL PINTOR MONEDERO
«Es tu sér: que del coro empíreo vino al estilo y pincel vida y concierto.»
CÉSPEDES.