Y que broten allí flores y hierbas;
Que yo pueda sentir, si allí se siente,
Á mi alredor, y sobre mí, muy cerca,
El vivo rayo de mi sol de fuego
Y esta adorada borinqueña tierra.
Falleció en 24 de enero del año 1880, y sus amigos, como los de Alfredo de Musset, cumplieron al pie de la letra esta súplica del poeta moribundo. En un sitio céntrico de la necrópolis de San Juan, completamente bañado por el sol, y entre flores y hierbas de perpetua lozanía, se alza un elegante túmulo coronado por un bien esculpido busto del poeta, en mármol de Carrara, y allí, en contacto con la tierra que tanto amó, yacen los restos del dulce cantor de Puerto Rico. En su lápida principal están grabados los anteriores versos, como á manera de epitafio.
¡PUERTO RICO!
¡Borinquen! nombre al pensamiento grato
Como el recuerdo de un amor profundo,
Bello jardín, de América el ornato,