Y vida al canto que espontáneo brota,

Cuando la inspiración en raudo giro

Con sus alas flamígeras azota

La frente del cantor; ¡oye mi acento!

El santo amor que entre mi pecho guardo

Te pintará su rústica harmonía;

Por tí lo lanzo á la región del viento,

Tu amor lo dicta al corazón del Bardo

Y el Bardo en él su corazón te envía.

¡Óyelo, patria! El último sonido