Y tomó de ese apellido el principio y el fin, ó sea la primera y la última letra, y repitiéndolas en una sola palabra formó el seudónimo por el cual le conocemos desde entonces, y que es también el nombre del dios mitológico de la Risa.
No tardó mucho en hacerse popular el seudónimo, y desde ese mismo instante empezó Momo á padecer.
En cuanto se supo que hacía versos fáciles y graciosos no hubo en la ciudad sereno, cartero, alguacil, campanero, ó repartidor de periódicos que no le encargase versos, para pedir el aguinaldo.
Y tras de éstas, llegaron otras peticiones, atraídas por la eficacia de la propaganda.
—¿Quién te sacó esos versos tan bonitos?
—Momo.
—¿No te quitó nada por sacarlos?
—No.
—Pues me tiene que sacar otros á mí.