Á fines de Septiembre del año 1905 se embarcó para la Habana, en donde hizo vida de bohemio amable, bien querido de los hombres de letras y bien recibido en las Redacciones de periódicos, pero constantemente desprovisto de dinero.
Visitó varias poblaciones importantes de Cuba, publicó allá varios trabajos en verso y en prosa, que no se han coleccionado, y falleció en la Capital de aquella república en Marzo de 1911.
No obstante su vida azarosa y descuidada, fué un poeta de gran espontaneidad, de noble pensamiento y de fácil vena cómica.
La siguiente composición es de las más celebradas que escribió:
LA LENGUA CASTELLANA
I
Á don Manuel Fernández Juncos,
mi amigo y maestro.
Virgen de Nazareth, dulce María,
al hijo de mi amor clemente ampara.
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