Tuvo varios hijos de su segundo matrimonio con doña María Luisa del Valle, descendiente de una noble familia española, y de esta unión nació la dama que es actualmente esposa del Hon. H. A. Reed, general del Ejército Americano.
Falleció Asenjo en 30 de Agosto de 1893.
LA FAMILIA.
La institución de la familia es común al estado de aislamiento y al estado social, porque se funda en el instinto de la conservación de la especie, del que gozan hasta los animales irracionales; pero en el aislamiento, la naturaleza y la duración de las relaciones que constituyen la familia dependen enteramente de la duración y de la intensidad de los afectos que la han fundado; mientras que en el estado social, estas relaciones se convierten en deberes, los cuales son obligatorios durante un término fijado de antemano para cada miembro de la familia.
No he de tratar aquí de la influencia de esta institución en el desarrollo moral de los individuos, porque la consideraré únicamente como institución social, que puede obrar y obra en efecto en el desarrollo material de la sociedad, formando una parte integrante de ese orden social que me he propuesto hacer conocer.
En la palabra responsabilidad se resume todo lo que las leyes y las costumbres del estado social añaden á la familia natural. El padre de familia es responsable ante la opinión pública, y á veces ante los tribunales, de la suerte y de la conducta de su esposa y de sus hijos; y esta responsabilidad dura, con respecto á los últimos, por lo menos hasta que llegan á la mayor edad; y en cuanto á la primera, en tanto que no se disuelve el matrimonio.
De aquí es que brota propiamente el germen de todo lo que la familia llega á ser bajo el régimen de la civilización. Esa responsabilidad es la que hace tan vivos y duraderos los afectos domésticos, la que mantiene aun después de la primera edad la autoridad de los padres y la sumisión de los hijos; pero sobre todo, y ese es el punto de vista capital que debe hacerse resaltar aquí, por esa responsabilidad es que, encontrándose las necesidades del padre de familia aumentadas con las de todos los miembros de ella, crece en la misma proporción la fuerza de estímulo de esas necesidades.
El primer trabajador que sintió sobre sí el peso de semejante responsabilidad, el primero al cual dijo la sociedad; «tú serás el único encargado y por largo tiempo de proveer á las necesidades de tus hijos, cualquiera que sea su número, y á las de tu esposa, cualesquiera que sean los sentimientos que le profeses,» ése inventó ciertamente algún nuevo medio de hacer productivo su trabajo, porque indudablemente debió poner en tortura su inteligencia y su actividad por ese aumento de necesidades, por esa fusión íntima de sus intereses comunes con los de otros seres á los que se hallaba unido por un instinto benévolo.
Y cuando llega la edad del desarrollo intelectual, cuando el padre siente un noble orgullo al pensar que dejará una posteridad que le honrará después de su muerte y que elevará su nombre por encima de los demás, ¡qué aumento tan prodigioso encuentran sus facultades productoras! Ya no se trata solamente para él de satisfacer las necesidades físicas de sus hijos, sino que es necesario darles los alimentos del espíritu, proveer al desarrollo de su inteligencia, cultivar su razón y su sentido moral. ¿Quién es capaz de decir las riquezas y los progresos de todo género que las sociedades deben á la acción poderosa de esos móviles, que sólo pueden impulsar el espíritu de la familia y el sentimiento de la responsabilidad?