—Creo que no, porque esto parece, por los dobleces, que era quilla....
—¡Deja ver...!
Y poniendo con precaución sobre la mesa el húmedo papel, la interpeladora leyó, como leyendo para sí: "La Gaviota, de Fer...."
Y levantando inquieta la cabeza, interpeló á la chiquitina:
—¿Dé dónde tomaste ese papel?
Á lo cual, rehuyendo bulto y responsabilidad, contestó la amenazada:
—¡Fué papá!
Y yo, confuso y asustado con el susto de la pequeñuela, balbucí, una excusa:
—Lo encontré ahí.
—¡Pues buena la hemos hecho!...