Por lo mismo, y para evitar una cornada, tomemos de nuevo el olivo de la bella literatura.

Esto es: levantemos ante el señor fiscal, como en señal de paz, un ramo de oliva.

Dicen que en el Saladero es muy fácil convertirse en caso. [* Esto se escribía durante el cólera.]

Es necesario, pues, evitar de todo punto que le pongan a uno en salmuera.

Pero diréis, y con razón: el autor está loco:

Perdonad: una palabra.

Tened en cuenta que he empezado mi novela por el epílogo: es decir, que la he acometido por la cola.

Este epílogo, reducido a su verdadera expresión debía constar únicamente de estas palabras:

El autor se ha vuelto loco.

O bien si no os agrada el modismo: