El autor ha enloquecido.

O bien:

El autor no ha logrado todavía encontrar su juicio, y se lo pide a sus lectores.

MEMORIAS DE UN LOCO

Era ya muy tarde, o por mejor decir muy temprano.

Los relojes de la villa de Madrid habían marcado las tres de la mañana.

No había alumbrado; pero el reflejo de la nieve que cubría las calles hacía la noche muy clara, aunque el cielo estaba muy oscuro.

Salía yo de una de esas casas...

Pero antes de que os diga la casa de donde salía, debo deciros quién soy yo.

Soy un hombre ni feo ni hermoso, que acabo de cumplir treinta y seis años, y que en la época en que pongo la fecha de mis memorias tenía veinticuatro.