¿Viviría el hombre a quien amaba Amparo?

¿La habría seducido este hombre?... ¿La habría abandonado?...

¡La duda! ¡Horrible espectro que ennegrece nuestra alma con su sombra!

¿Habéis dudado alguna vez de vuestra esposa o de vuestra madre...?

Porque si no habéis dudado alguna vez de cualquiera de esos dos seres que son vuestro corazón y vuestro nombre, no comprenderéis lo terrible de la duda cuando se refiere a objetos tan sagrados.

Yo me encontraba en una situación enteramente excepcional, y sufría todas sus consecuencias.

Sin embargo, las aceptaba, y cien veces que hubiera sido necesario hubiera vuelto a casarme con Amparo.

¡Cómo llenaba mi alma! ¡Cómo la enloquecía! ¡Cómo la desesperaba!

¡Cuánto la había divinizado mi amor!

Todo en ella para mí era perfecto.