Me decidí por el suicidio.
Pero no adopté el medio vulgar de darme un pistoletazo, de suspenderme, de sumergirme, de darme de puñaladas o de beber ácido prúsico.
Tales medios no los adoptan más que los desesperados de mal género.
Los que temen a los acreedores.
Los que han sido bastante necios para referir su existencia a la posesión de una mujer.
Los etcétera, etcétera.
Un hombre hastiado debe morir noblemente luchando brazo a brazo con el hastío, forzándole, estrechándole, entrando de lleno en los excesos de todo género, hasta caer bajo los estragos de una vida monstruosa, absurda.
Yo lo adopté todo: la crápula, la orgía el desorden, el placer...
Yo esperaba que apareciese la tisis.
Pero la tisis huyó espantada de mí.