Yo escribo para los que sufren; para los que lloran.

Los que no veis la vida sino al través del escepticismo, no podéis comprenderme.

¡Callad! porque si estoy loco, mi libro es una verdad.

La verdad de la locura.

¿Estáis vosotros seguros de que tenéis razón?

¡Ah! ¡ah! ¡ah!


Puse otra vez los dos retratos y el estuche en el cofrecillo, éste en su lugar, cerré el armario, y no sabiendo adónde había ido Amparo, me resigné a esperar su vuelta con la menor impaciencia posible.

Al pasar por su gabinete vi una carta abierta sobre un velador.

Aquella carta era sin duda la que había causado la precipitada salida de Amparo.