Estando ese lecho en mi aposento, o yo en el aposento donde está ese lecho, claro es que la persona a que alguna vez se han visto en la necesidad de sujetar, soy yo.

¿Y por qué razón ha podido haber esa necesidad de sujetarme?

Yo no me acuerdo de nada.

Tengo un recuerdo confuso de una noche en que bebí demasiado, en que me escité demasiado, en que ardía mi cabeza, en que me parecía sentir dentro de ella un vacío doloroso.

Recuerdo que entonces tenía yo veinte y cuatro años; que era desgraciado, porque la vida era para mí monótona, porque me había hastiado de todo.

Recuerdo que yo buscaba una vida artificial, en los excesos, en el abuso de los licores fuertes.

He debido pasar mucho tiempo sin la conciencia de mi existencia, o mejor dicho, el período de mi existencia, cuyos sucesos no recuerdo, ha debido de ser largo.

Porque me he mirado a un espejo que tengo aquí colgado en la pared, y me he encontrado viejo, enfermo, horriblemente demacrado, con todas las señales de la tisis.

He encontrado en mi mesa un manuscrito: manuscrito mío, no puedo dudar de ello.

Ese manuscrito me ha dicho que he estado loco, que he soñado.