La he rasgado y la he quemado temeroso de volver a la locura si leo mucho ese fragmento horrible.

Pero su recuerdo está fijo en mi memoria.

Un día entré yo en mi casa, como suele entrarse por casualidad, sin ser notado.

En el gabinete de mi mujer hablaba un hombre.

Uno de mis mayores amigos.

Pretendía una cosa horrible.

Pretendía que ella me hiciera traición.

. . . . . . . . . . . . . .

Yo maté a aquel hombre.

Le maté como mata un caballero a un infame que le ha ofendido.