Si es verdad que estoy loco, mi locura empezó el día que almorcé con ella.
El no verla me tenía de muy mal humor.
La esperaba.
Sin embargo, Amparo no venía.
Pasó el tiempo, y llegó el último día del mes.
Yo esperaba que la señora Adela sería puntual, y no me engañé.
Se me presentó más pobremente vestida que lo que yo esperaba, y sin saludarme ni sentarse me dijo:
—Vengo a...
—Sí, por la asignación de Amparo, la interrumpí.