Después de algunas soeces equivocaciones de este funcionario, respecto a mi interés por Amparo, a quien no se por qué, conocía, entré de lleno en la exposición del objeto que me llevaba por primera vez a tratar con tales gentes.
Quería yo evitar de todo punto un ruidoso procedimiento judicial, para arrancar a Amparo del dominio de aquella malvada, y cuando el comisario me hubo escuchado, me dijo:
—Pues es muy sencillo de hacer lo que usted desea; pero no deja de ser comprometido.
—Comprendo; ¿se trata?...
—De un abuso de autoridad.
—Pero cuando se abusa de la autoridad para el bien...
—Se puede ir a presidio lo mismo que cuando se abusa para el mal.
—Ya sabe usted mi nombre...
—Sí, sí señor: sé que la influencia de usted basta para sacarme de un atolladero... sin embargo...