—Esto en mí es una enfermedad incurable, la dije: tratemos de ti... y tú... ¿qué esperas? ¿qué deseas?

—Yo... me contestó mirándome fijamente, pienso como pensaba hace seis años.

—¡No recuerdo!

—Pienso buscar la paz y la felicidad en Dios.

—¡Ah! ¡vuelves a lo del convento!

—Sí.

—Pero es extraño... ¿No amas?

—No.

—Eso es imposible. Una joven como tú...

—Una joven como yo... que no se pertenece; que sólo puede dar a un hombre inconvenientes; que no tiene apellido para sus hijos, no se casa y una mujer como yo cuando no piensa casarse no ama.