—Lance hubo.
—¿Hubo sangre?
—Hubo un desarme...
—¿Quién mandó?
—El embozado del portal.
—¡Ah! Pues no sabía yo que tenía tan buen pariente.
—Llegué con la ronda, pero tarde: seguí á ese embozado de orden de don Rodrigo, metióse aquí, pretendió pasar de las escaleras, sin conseguirlo, y hace una hora que él está allí sentado, y que yo le estoy dando centinela.
—Por el cuento—dijo Quevedo, sacando una moneda del bolsillo—; porque pierdas la memoria—y sacó del bolsillo otra moneda.
—¿La memoria de qué?—dijo Juara.
—De que me has visto en tu vida.