—Pero de repente, al volver una esquina, hétenos á la tapada asida de un embozado.
—¿Lluvia y tinieblas? ¿tapada y embozado?... buscona adobada y pollo que miente gallo.
—Más alto debe picar, porque don Rodrigo me dijo: Juara, lance tenemos; estocadas barrunto. Espada de gavilanes traigo y daga de ganchos. No se trata de que me ayudes... ¡para un hombre otro hombre!
—¡Aventura con milagro!
—¿Qué milagro hay hasta ahora?
—Que don Rodrigo Calderón no vea más que un hombre, cuando tiene delante un enemigo.
—Don Rodrigo es valiente...
—Pero más valido. Y en cuanto á valor no niego que es mucho el valimiento del tal, como que de todo se vale para valerse: ¡válame Dios con tu cuento! Pero cuenta, hijo, y ten presente de no mentir. ¿Qué hubo al cabo?
—Hubo que don Rodrigo me dijo—: No conozco á quien la acompaña; persona debe ser cuando tan tirado platican y tan despacio caminan. Podrá suceder que cuando llegue el caso ese hombre me venza. Anda y busca una ronda, Juara.
—¿Y hubo lance?