—No tal; contempladme espectro.
—¡Vos espectro!
—Quedé pobre.
—¡Pobre vos!
—Y... vedme muerto, que entre un tuvo y un no tiene, hay un mundo de por medio. En prisiones me han tenido, y hoy á la corte me vuelvo á ser pelota de tontos y pasadizo de enredos.
—Pues en lo de hacer hablar con vos en verso al más topo cuando queréis, sois el mismísimo Quevedo de hace tres años; cinco minutos lo menos hemos estado hablando en romance.
—¡Ah! sí, tenéis razón; sudo para hablar en prosa, ni más ni menos que le acontece á Montalván cuando quiere hablar en verso, ó como al duque de Lerma cuando no encuentra cosa á qué echar el guante.
—¡Por la Virgen! ¡ved que estamos en casa del duque, y que nos escuchan sus criados!
—¡Pues mejor!
—¿Mejor? no entiendo.