—Entendedme; las verdades, cuando las lleva un correo, llegan verdades sopladas, y ganan ciento por ciento. Pero volviendo á nosotros, ¡mal hayan, amén, los versos! se me escapan como el flato. ¡Juro á Dios!...
—¡Guardad, Quevedo!
—Decís bien; no está en mi mano; es ya enfermedad de perro; comezón, archimanía. ¿Qué buscáis aquí?
—Pretendo...
—¿Lo véis? vos tenéis la culpa.
—¿Yo la culpa?
—Sí por cierto; me buscáis el asonante.
—¡Sois terrible!
—Soy... Quevedo. ¿Habéis acompañado á una dama?
—Sí; ¿quién os lo ha dicho?